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Paula CORAZON VERDE

Archivo: Marzo 2009

29/03/2009 GMT 1

LA PERRITA DE LA ROTONDA

paulaval @ 17:59

Hace algunos años que llegó. Al principio pasaba desapercibido, nadie reparaba en que, en aquella rotonda de césped verde recién nacido con una señal en su centro, dormía al sol un perro con pelo de rata, sucio y feo.
Pasando los días le fuimos conociendo porque al pasar con el coche te ladra como si quisiera regañarte por algo. Te ladra como si pidiera que por favor encuentres a sus dueños. O te ladra por que si fuiste tú quien le abandonó allí, le lleves contigo y le des una oportunidad. El va a ser bueno. Te quiere.
Empieza a ser habitual verle por la misma zona día tras día. A veces desaparece durante una temporada pero luego vuelve a aparecer de nuevo.
Duerme su siesta en la gran rotonda del césped verde en la sombra que proyecta la señal que, casualmente, es del mismo tamaño que él.
Por la noche va al supermercado Día o al Haley... Siempre hay un rincón, cualquier esquina vacía y fría.
En un tiempo descubrimos su verdadera identidad: su barriguita se ha estirado y aparece llena de futuros "biberones". Aunque no tenga casa, ni el calor de unos amos, ni un refugio protegido, ni comida, ni un buen baño... aparte de cuidarse ella, tendrá que cuidar también a las crías que van a nacer. Doble problema.
Alguien empieza a traerle comida e intenta ganarse su confianza. Ella no se fía de nadie. Ya le valió una vez. Es una perra lista. Sabe con quien trata. El ser humano es egoísta y caprichoso. Ahora te quiero, ahora ya no te quiero. Ella está triste y sola, pero con la comida que le ha traído esta amable señora portuguesa, ya tiene bastante. No quiere sus caricias.
Otros les han traído comida también... ¡vaya! Hasta los de la perrera municipal han intentado llevársela. Ni así. No ha habido forma. Nos está diciendo que aquel será su hogar. No quiere irse con nadie. Nadie es demasiado bueno para ella. ¡Un humano la ha tirado allí! Incluso alguien ha tenido el bonito detalle de colocarle una casetita de madera al lado de la señal, en plena rotonda.
A los dos días la otra cara de la moneda: ya vino el avaricioso a sacársela. ¡Ya no tiene caseta!
Se ha vuelto a quedar como estaba. Mientras que le vayan llevando comida y sigan pasando coches... tal vez en una de estas, sea por fin su dios: un humano tan inteligente que no comprende que en el mundo en el que está pisando tiene también que dejar un hueco a otras extremidades inferiores pertenecientes a otros seres vivos, que tienen igual derecho a vivir su vida dignamente. A veces olvidamos que todos los animales nacen iguales ante la vida y tiene los mismos derechos a la existencia que nosotros.
Lleva años allí y cada día que la veo me transmite un mensaje de lo que es la lucha por sobrevivir bajo circunstancias desagradables e injustas.
Suerte para los que entienden esto. Así ya somos algunos más.

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